SAN CARLOS ES UN CANTO CONMOVEDOR

Le ganó 1 a 0 al CADU con gol de penal del pollo Raverta y confirmó su condición de puntero aspirante al ascenso. Lo hizo con la autoridad de un líder que sabe absorber las presiones y transformarlas en un disfrute de un momento inolvidable. Nunca en su historia un equipo de San Carlos estuvo tan cerca de la gloria de un ascenso ala B. Poreso su gente, en una procesión de fe interminable, hace de este San Carlos, un canto conmovedor. Hay imágenes que quedarán grabadas para siempre. Pase lo que pase finalmente, este grupo de jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, quedarán marcados a fuego en la historia de este humilde club. Forjado por inmigrantes y criollos que hicieron de la fe una forma de vida. Herederos de tanta pasión, este equipo de San Carlos que busca la gloria, representa tanto sentimiento y tanta historia como pocas veces se vio. Subidos al alambrado, desatando tanta euforia contenida por la razón que debe gobernar el rumbo, los "jugadores-hinchas" se unieron en una locura sana, la de disfrutar esos pequeños instantes en los que la vida, llena de sacrificios y penas, le da lugar a la felicidad. Ese instante en el que los jugadores emprendieron una loca carrera hasta treparse junto a los hinchas y no existió ninguna otra cosa en el planeta, que no sea la pureza de esa unión sentimental, llena de frenesí. Parece que los conductores de este grupo les marcaron con sabiduría la fórmula. Frialdad para entrenar y jugar los partidos con la sabiduría de la razón, y pasión para entender lo que su gente quiere que entiendan, que primero está la camiseta y el compañero, y después los vedettismos, tan propios del fútbol de primera por estos días. Así juega Villa San Carlos y así jugó ante el CADU. Mientras la pelota estuvo en juego no había en la conciencia de sus jugadores un puntero ni un campeonato a lograr. Solo la presencia de la pelota, el compañero, el rival y la próxima jugada. De esa manera llegó a la punta y a esta formidable campaña. No hay entonces porque cambiar la fórmula. Esta vez le agregó además, una cuota de fútbol en el medio que le había faltado ante Sacachispas o Luján por ejemplo. Y en esto tuvo mucho que ver el cambio posicional y técnico (estuvo mucho más preciso), de Leandro Martini. De el y de Sommariva, que jugó un partidazo a pesar de poner la pierna de más, nació el mejor fútbol de un equipo que los necesitaba. Para descansar en defensa con la pelota en su poder, y para abastecer a Salinas y Miranda, que otra vez jugaron mejor en su labor colectiva que individual. Con la pelota en su poder entonces, San Carlos atacó y se "defendió". Porque después de varios partidos de trabajo insalubre y extra, los 4 leones del fondo tuvieron por fin, una tarde un poco más tranquila. De no ser por las insuficientes definiciones de Salinas, Martini, y algunas tapadas de Menón,La Villahubiera definido el partido mucho antes que con el gol del pollo Raverta de penal. Pero por sobre todas las cosas lo hubiese definido antes de no ser por la vergonzosa y repudiable labor de ese señor vestido de árbitro llamado Possi, cuando debió expulsar a Menón por la falta descalificadora a Rodrigo Salinas, cuando este lo gambeteaba además, para convertir el gol. Cuando promediaba el segundo tiempo, y cierta desesperación se hacía presente, al mismo Salinas lo agarraron alevosamente en el área. Tan alevosamente que lo vio hasta el árbitro. Mauro Raverta, con una audacia envidiable, agarró la pelota y se hizo cargo de una enorme responsabilidad. Abstraído de toda presión, colocó la pelota con justeza junto al palo izquierdo de Menón que casi llegó, e hizo explotar a todo Berisso. Era el premio para el único equipo que había querido jugar al fútbol en el bosque. El resto repetir la idea de tener la pelota, hacer rotar jugadores y posiciones, y esperar que por decantación de patadas, los de Zárate se hagan expulsar. Y se hicieron expulsar nomás ante la impotencia de un equipo absolutamente superior. Con el final del partido llegaron los diez minutos de locura que San Carlos se permite por semana para no desviarse del objetivo. Entonces la hinchada los envolvió en su sentimiento pidiéndoles que se dejen llevar por la pureza de su pasión. Fue un ratito nomás. Pero pareció una eternidad donde el tiempo se detuvo. La vida de San Carlos vive un romance inolvidable con la ilusión del ascenso. Sus hinchas y sus jugadores, sufridos como pocos, encuentran en esta ilusión razones para vivir. Y créame…esas son cosas que conmueven.
Tags:

About author

Curabitur at est vel odio aliquam fermentum in vel tortor. Aliquam eget laoreet metus. Quisque auctor dolor fermentum nisi imperdiet vel placerat purus convallis.

0 comentarios

Leave a Reply