ES LA HORA DE GOZAR

Camba no para. Se transformó en una aplanadora de rivales y esta vez se dió el gusto de ganar en Los Polvorines por primera vez en la historia consiguiendo además uno de los mejores triunfos en muchos años. Con un primer tiempo brillante y un segundo en el que San Miguel se lo llevó por delante a puro entusiasmo y fútbol, el Rojo tenía guardada la puñalada final de Nicolás Kissner para conseguir un triunfo memorable, donde nunca había podido festejar. Una racha y un momento impresionante del equipo, le dan rienda suelta a una alegría como hacía muchos años no se vivía por Ensenada.

Que manera de festejar Cambaceres! Y no es para menos. Después de tantos años de malaria, bien puede decirse que por fin se cortó y llegó el tiempo de disfrutar de un momento espectacular. Que habla de 6 triunfos y 3 empates, que prometen record de puntos en lo que va de permanencia en esta nueva etapa de la C; y que se construyen con triunfazos como este en Los Polvorines, después de un partido vibrante, emotivo y contagioso.

El partido lo tuvo todo. Buen juego de Cambaceres en esa primera mitad del primer tiempo cuando Camba arrolló a fuerza de fútbol y goles por la astucia de Valenti y Eloy Colombano. Buen juego y mucha fuerza de San Miguel que creyó siempre en poder dar vuelta el resultado y lo hizo independientemente del marcador con el que le tocara jugar.
El partido tuvo emoción. La que transmitía la gente desde las tribunas repletas, arengando a los suyos siempre, pero también la que devolvía los jugadores, motivados por brindarse siempre a un espectáculo repleto de ambiciones y gracias a Dios, vacío de especulaciones.

Fueron y vinieron toda la tarde. Como el vaivén de los resultados. Era 2 a 0 tranquilo y con promesa de goleada para Cambaceres. Se transformó en 2 -2 porque San Miguel tiene algunos jugadores muy buenos, como los tres Rodríguez, o como Iturrería, capaces de atacar a gran velocidad y con buena precisión, como pocas veces vimos en la Primera C.
Y fue 3 a 2 de la manera más placentera. Sobre el final. Cuando el trueno verde estaba ciego buscando darlo vuelta del todo, y el Rojo iba a tener en Benavente y Kissner el golpe mortífero de un partido apasionante.

El partido lo tuvo todo y fue tan cambiante como Cambaceres. Que tuvo en el primer tiempo de Eloy Colombano y Sergio Valenti (por el oportunismo del primer gol y formidable centro en el segundo) a dos jugadores diferentes, que cuando pueden, muestras un talento especial, proveniente de otra categoría. Pero que en el segundo tiempo no pudieron más físicamente, y el equipo lo sintió.

Pero también tuvo a dos gladiadores descomunales en Cardozo y Benavente, que además de marcar y meter sin parar fueron decisivos en el juego. El primero pisando el área para convertir el segundo gol; y Benavente para meter un brillante pase gol a Nicolás Kissner en la definición del encuentro.

La irregularidad del juego tuvo su correlato en algunas individualidades. Bien Martín Luna hasta que pudo aguantar, pero flojo cachete Casanova, falto de ritmo y distancia. Muy bien Leandro Fernández, una vez más; pero dudoso el andar de Arévalo. Y lo mismo en las bandas. Todo lo bueno que hace Brian Martínez de un lado (que solo fue superado en el comienzo del complemento por Iturrería, pero juega cada vez mejor) no es sostenido del otro lado por Homero Díaz.

En esas pendulaciones Cambaceres fue y vino. Como el partido, como San Miguel, y como las emociones. Por eso el dramatismo hasta el final de brazos en alto y festejos interminables.
Ya habrá tiempo para proyectar hasta donde puede dar este equipo. Pero brindamos por haber sostenido aún en los peores momentos, que este plantel jamás estuvo para pelear el descenso, y que había nivel para pelear por el reducido.

Cristian Aldirico además, está dando una muestra gratuita a sus colegas de honestidad y sinceridad que lejos de perder orgullo, engrandece. No hace falta decir que siempre se jugó bien ni que equivocarse está prohibido y reconocerlo también, vaya a saber porqué estúpidos códigos del fútbol. Hizo una y otra cosa y por inusuales, bien vale la pena remarcarlas. Ante San Miguel apostó a ganador y le sallió bien. Podría haber salido mal, porque en el futbol ninguna decisión garantiza nada, y no hubiera cambiado el valor de sus actos.

Cambaceres ganó un partidazo. Y construye cada vez con más cimientos la esperanza del octogonal por un segundo ascenso a la B Metropolitana. Suena fuerte y lindo. Sobre todo en un club que se había acostumbrado a las malas, y en un equipo que al comenzar este año hablaba de tabla de promedios.
Ahora gana, sube y sueña aplastando a grandes y chicos. Como esta tarde en Los Polvorines, para la historia que desenpolva viejas hazañas. Y para el presente. Maravilloso y resurrector.
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